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martes, 7 de abril de 2009

Donald, Where's Yer Troosers?

La canción

Así reza una vieja canción escocesa. Y así, cantando esta canción, de manera memorable, termina el último episodio emitido de Terminator: The Sarah Connor Chronicles. La escena final muestra a una IA, John Henry, cantando con Savannah, una niña pequeña. El paroxismo llega cuando se asoma a la puerta un T-1000 que ha reemplazado a la madre de la niña, poniendo cara de satisfacción y complicidad. Hay que apreciar la ironía.


La IA John Henry canta con Savannah una canción tradicional


Todas las escenas de John Henry, cuyo principal periférico es un antiguo cuerpo de terminator conectado por cable, con la niña tienen un regusto a Frankenstein al borde del pozo. El momento canción también tiene un toque 2001:Una Odisea en el espacio. HAL cantando.


El ritmo les atrapa y no pueden evitar mover los pies





Una madre de metal líquido se asoma a la tierna escena




Metafísica

El otro momento a recordar de este episodio es un diálogo de John Henry con James Ellison, el ex-agente del FBI y ahora responsable de seguridad de la enigmática empresa Zeira Corps:

JH -El cerebro humano es un ordenador maravillosa su procesador puede realizar 20 mil millones de cálculos por segundo. El almacenamiento es prácticamente infinito. Pero es deficiente
JE -¿Cómo es eso?
JH -No hay donde descargarlos cuando mueren
JE -No exactamente, no.
JH -Su Biblia soluciona este problema introduciendo el concepto de cielo
JE -Sí
JH -Millones de almas sin cuerpo
JE -OK
JH -Y aún así se requiere de todo esto para procesar una sola entidad a la que llaman John Henry.[señalando el megaordenador que compone la IA]
JE -Sí
JH -Es posible que el cielo tenga un problema de hardware.



John Henry no tiene problemas de hardware


Como final y repaso de la serie entera, decir que la primera temporada no pasa del aprobado raspado, no consigue quitarse el regusto a Z. Todo cambia en la segunda, con un espectacular comienzo. Empiezan a incrementar las posibilidades cinematográficas de la serie cambiando poco a poco el lenguaje visual, saliéndose del formato típico plano contraplano de serie de siempre. Los guiones van siendo cada vez más originales y la trama más atractiva. Otra mejora es la evolución estética y psicológica de los personajes, saliéndose de sus estereotipos de serie tradicional.





John Henry vela por Savannah


La segunda variedad

No puedo terminar la anotación sin hablar de referencias. Empezando por los relatos de Philip K Dick La segunda variedad y El mundo de Jon. En el primero se nos habla de un mundo devastado por la guerra en el que robots antropomorfos pelean contra humanos tras un cataclismo nuclear. En el segundo se nos cuenta la historia de un viaje en el tiempo que altera todo el curso de la historia al matar a alguien en el pasado. Ambos están incluido en el segundo volumen del recopilatorio de relatos de Philip K Dick de Minotauro. Las otras referencias ya han sido citadas, 2001:Una Odisea en el espacio y Frankenstein.

De bonus pongo la canción referida, versión de los Irish Rovers:



Edición: Añado la versión con un punto ominoso cantada en la serie, vivan los estereotipos bien llevados:

viernes, 31 de octubre de 2008

Los clanes de la luna Alfana

Clans of the Alphane Moon (1964)
Philip K. Dick

La Luna Alfana era un gigantesco hospital psiquiátrico, hace 25 años que las autoridades terrestres perdieron el contacto con la colonia hospitalaria. Desde entonces los antiguos pacientes psiquiátricos han organizado una sociedad fragmentada en clanes, cada clan basado en un trastorno mental.

Escrita con cierto humor y sorna. PKD plantea de manera original una de sus típicas historias de confusión con elementos recurrentes suyos: cuestionamiento del yo, duda sobre la percepción de la realidad, cuestionamiento de valores morales, etc...

El planteamiento recuerda a uno de sus relatos, La estratagema, en el que una sociedad entera padece un trastorno mental, cuestionándose la percepción de todos. En LCDLLA desarrolla obsesiones e ideas también expuestas en sus relatos.

En esta como en otras de las novelas de PKD el tono autoparódico me produce una sensación dual, por un lado añade un aporte de valor al dar un enfoque original, por otro les hace perder coherencia, las disminuye. En principio no se puede decir que el tono irónico y la autoparodia sean un elemento negativo, la propia idea de la novela se retuerce sobre esta premisa, pero no puedo evitar añorar la sencillez en la exposición de sus relatos. A PKD le gustan las ideas, cada relato y novela está construido alrededor de una o varias. A menudo al terminar uno de los relatos se queda uno con las ganas de verlo novelado, que la acción continúe. ¿Será el amante de la space opera que todo lector de ciencia ficción lleva dentro?